
Ahora estamos en una situación donde el problema está escalando en todo el continente
Radio FM Amistad

El crecimiento de las poblaciones de perros asilvestrados volvió a poner en el centro de la discusión la necesidad de establecer mecanismos efectivos para abordar una problemática que afecta tanto a los ambientes naturales como a las actividades productivas. En ese marco, el biólogo Adrián Schiavini analizó la situación de Chile y sostuvo que ese país todavía enfrenta dificultades incluso para reconocer formalmente la existencia de estos animales como una problemática diferenciada.
“El problema en Chile, a ver, debemos decir que estamos bastante mejor que en Chile nosotros. Porque en Chile todavía están debatiendo, y ese debate se da en la sociedad y se traslada a las normativas, están debatiendo si se puede hablar de que existen los perros asilvestrados”, explicó por Radio Provincia.
Según Schiavini, una parte del debate en Chile está atravesada por la postura de sectores políticos y colectivos animalistas “hay negación por parte de la sociedad política chilena y, por supuesto, de algunos colectivos animalistas, de la existencia de perros asilvestrados. Se insiste con que todos tienen dueño y que entonces el problema es exclusivamente un problema de tenencia”.
El investigador explicó que la situación adquiere una dimensión particular en las zonas rurales chilenas, donde existen numerosas chacras y establecimientos productivos en contacto con ambientes naturales. En esos lugares, perros que originalmente pertenecen a hogares terminan desplazándose fuera de los espacios donde viven y comienzan a desarrollar comportamientos propios de animales asilvestrados.
“Entonces estos perros de las casas de las chacras, que son tenidos con tenencia irresponsable, se van al ámbito extra productivo a hacer todo lo que hacen los perros asilvestrados. Entonces se niega la existencia del perro asilvestrado y se dice que es un problema exclusivamente de tenencia responsable”, sostuvo.
“Se integra burocracia en un sistema que necesita defender los ambientes naturales y los modos de vida rurales”
Schiavini cuestionó además el mecanismo que se busca implementar en Chile para permitir la intervención sobre perros que ocasionan daños en establecimientos rurales. Según explicó, la propuesta contempla que los productores denuncien los ataques y que, una vez corroborada la situación por los organismos correspondientes, puedan actuar.
En este sentido, opinó que “para no es un avance. Porque imagínense lo que tiene que pasar antes que un chacarero común y corriente del sur de Chile pueda actuar contra un perro asilvestrado. Tiene que denunciar, tiene que venir alguien del servicio agrícola y ganadero y decir si es cierto, esta oveja está muerta por un perro en base a las heridas que se verifican, o es cierto que se le mete un perro porque tengo imágenes”.
“Mientras tanto el perro sigue atacando, y no solo a esa chacra sino a chacras vecinas. Entonces lo que hace es integrar burocracia en un sistema que necesita defender, por un lado, la integridad de los ambientes naturales, y por otro lado, defender los modos de vida rurales. Que nada de eso se tiene en cuenta a la hora de estas legislaciones basadas en concepciones animalistas”, agregó.
En ese sentido, Schiavini destacó que Tierra del Fuego cuenta con una herramienta normativa diferente, ya que el perro asilvestrado fue declarado especie dañina y detalló que “nosotros ya hemos declarado al perro asilvestrado como especie dañina. Por lo tanto, se puede actuar en el ámbito rural y en las áreas fiscales de la provincia como se tiene que hacer, que es remover al animal o removerlo vivo o muerto. No hay otra alternativa”.
El especialista remarcó que “una cosa es que vos puedas salir de una ciudad con una jaula y buscar un perro que está produciendo problemas en una chacra vecina a la ciudad, en esos ámbitos periurbanos, como los que podemos tener en Tolhuin, por ejemplo, o en Río Grande. Y otra es ir a intervenir en un problema que está sucediendo a 200 kilómetros de Río Grande o a 100 kilómetros. Entonces, no podés ir y venir todos los días y ver si el animal cayó en la trampa. Tenés que trabajar de otra manera”.
El antecedente chileno
El biólogo también recordó que Chile ya había intentado establecer mecanismos de captura de perros que se encontraran alejados de los centros poblados, aunque la medida generó una fuerte reacción de organizaciones animalistas y precisó que “ellos instauraron una ley hace muchos años, creo que fue en el 2015, que autorizaba la captura de perros que estaban más allá de 200 metros de lugares poblados. Entonces ahí vino la furia de la gente que decía: ¿Cómo vas a matar mi perro si yo lo dejo suelto y se va a hacer una recorrida? Entonces me lo vas a matar”.
Schiavini aseguró que el conflicto llegó incluso a hechos de violencia contra organismos públicos: “Lo que llegó a suceder fue inclusive colectivos animalistas incendiaron el edificio del SAG de Punta Arenas con bombas Molotov. A ese nivel se llegó. Entonces se tuvo que retroceder con esa normativa”.
“Ahora estamos en una situación donde el problema está escalando, no solamente aquí en Tierra del Fuego, sino en todo el país y en Chile también, porque cada vez somos más y cada vez tenemos más perros y esos perros son cada vez más descuidados, además de los problemas económicos que tiene la gente, que se da cuenta que uno puede sostener a las bocas humanas de una familia menos puede hacerse cargo de un perro. Entonces comienza a haber más perros en situación de abandono y se terminan integrando a estas manadas de perros asilvestrados”, explicó.
“El perro no vuelve al lobo”
Uno de los puntos sobre los que Schiavini puso especial énfasis fue la necesidad de diferenciar a los perros asilvestrados de los lobos. Frente a la idea de que estos animales “vuelven” a su estado ancestral, el biólogo sostuvo que “el perro no vuelve al lobo. Lo primero es reconocer que el perro no vuelve al lobo. Porque la domesticación es un proceso de miles de años, por lo tanto, retroceder en ese proceso no se hace en diez años”.
“El perro asilvestrado es un perro doméstico que tiene toda la selección que nosotros le metimos encima durante miles de años de crianza en nuestro ámbito, pero que se encuentra de golpe y porrazo sin contacto con humanos, no sabiendo lo que es un humano y teniendo que conseguir la comida con las herramientas que tiene”, detalló.
En ese contexto, Schiavini señaló que “ellos saben morder, saben desgarrar, saben matar, saben correr, pero no son tan eficientes como un predador carnívoro actual, como puede ser un lobo, un coyote, un zorro”.
“Y en ese transcurrir de un predador ineficiente atacan en grupo a animales que corren, y los atacan solo porque corren, porque son divertidos. No porque tengan hambre”, explicó.
Ataques al ganado y riesgo para la actividad ganadera
Uno de los aspectos que genera mayor preocupación es el incremento de los ataques contra animales de producción. Schiavini afirmó que “hoy estos grupos más grandes los estamos viendo cada vez más y es coincidente con el reporte cada vez más frecuente de ataques de perros silvestrados a bovinos, cosa que no pasaba tanto hace cinco o diez años”.
“Las corretean fundamentalmente. Las lastiman. Las corretean, las garronean y las corretean, entonces la vaca se estrella contra un alambrado, con un poco de suerte lo pasa, que es otro aspecto del daño del perro, la destrucción de infraestructura”, explicó.
El deterioro de los alambrados puede alterar incluso el manejo productivo de los establecimientos, al permitir que los animales pasen de un predio a otro y dificultar la planificación reproductiva del ganado. “Si las vacas rompen los alambrados porque los perros las atacan, no podés manejar la reproducción”, advirtió.
Frente a este escenario, el investigador planteó una advertencia de mayor alcance: “Pero al margen de eso están atacando animales cada vez más grandes y lo están haciendo de forma cada vez más frecuente. Entonces eso ya hace que exista la posibilidad de que la ganadería en Tierra del Fuego sea directamente inviable, en el ecotono por lo menos”.
Monitoreo en el ecotono fueguino
Schiavini explicó que “nosotros desde CADIC estamos trabajando con un convenio recientemente firmado con el gobierno y lo que hemos hecho, aparte de este convenio, ya antes nos contactamos con varios productores y lo que hicimos fue instalar cámaras trampa en un abanico de estancias desde la costa hasta casi el límite con Chile”.
“Lo que queremos ver es si el crecimiento que hemos visto en una estancia durante cinco años se está viendo también en las otras o es algo puntual, ¿no? Es algo puntual con un mecanismo que todavía no tenemos en claro”, explicó.
Los primeros resultados del monitoreo, iniciado en enero, muestran la presencia de grupos numerosos.“Lo que estamos viendo hasta ahora a partir de las imágenes que se están recuperando, esto lo comenzamos en enero, es que sí, hay grupos grandes también. Hay grupos grandes y se están desplazando por prácticamente todo el ecotono”, afirmó.
Por su parte, comentó que “eso pone un grito de alarma porque esos grupos grandes son autosostenibles ahora. Hay nacimiento en silvestría, esos grupos son grandes, se animan a cada vez más cosas”.
Un predador diferente al zorro colorado
El biólogo también rechazó la idea de que el perro asilvestrado simplemente haya ocupado el lugar ecológico de otros predadores nativos. “No existe el nicho de perro asilvestrado en Tierra del Fuego. El único nicho que fue reemplazado es el del zorro colorado”, afirmó.
“Por lo tanto, este animal, el perro asilvestrado, es mucho más peligroso como carnívoro generalizado y en grandes números, no solo en grandes números en cantidad, sino en tamaño de grupo, que cualquier otro predador que tendríamos acá en Tierra del Fuego. Y eso nos tiene que encender la alarma”, advirtió.
“No estamos viendo que se comporten como lobos”
“Hay muy pocos estudios sobre la ecología del perro silvestrado en libertad. Hay realmente muy poco. Y lo que estamos haciendo acá no digo que sea pionero, pero va a alimentar uno de los primeros estudios sobre grupos de perros seguidos durante mucho tiempo”, señaló.
En esa línea, cuestionó que “lo que la literatura dice normalmente que los perros silvestrados se portan como lobos, como manadas. Y eso no es así. No es así. No estamos viendo eso. El lobo es otra cosa”, concluyó Schiavini.




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