
Murió Piero, el histórico cantante de “Mi viejo” y “Soy pan, soy paz, soy más”
Radio FM Amistad

“Hoy tengo nublada la sonrisa, país de cielo, país de tiza. Piden las paredes libertades, la calle espera, la gente sabe”. Comenzaba la década del setenta y la poesía de José Tcherkaski, con la música y la voz de Piero, eran grandes llamados de atención entre los estertores de las canciones nuevaoleras, la resistencia tanguera de viejos valores y el naciente rock nacional (rebelde, pero no comprometido políticamente). Piero encarnaba en aquellos años la canción de protesta que se expresaba de manera absolutamente directa. No recalaba en la poética folklórica de manifiestos, como el del Nuevo Cancionero. Buscaba rumbos y modos propios, apenas emparentados con expresiones punzantes, como la de Horacio Guarany con su “Si se calla el cantor”.
Piero siempre fue “manso y tranquilo” (como reza el título de su propia canción) para decir las cosas que pocos se animaron. “Comer bien era muy raro, comer poco era normal, comer era subversivo..., para el señor militar”, entonaba en “Para el pueblo lo que es del pueblo”. “Es un buen tipo mi viejo, que anda solo y esperando. Tiene la tristeza larga, de tanto venir andando”, susurraba en “Mi viejo”.
Letras con tono social explícito en la voz de un veinteañero que apenas abría la boca de generosa dentadura para lanzarlas como dardos. Obviamente, eso le costó el exilio, entre 1976 y 1981 (la mayor parte del tiempo que duró la última dictadura militar). A su regreso, quizá sus canciones no tenían el mismo tono combativo, pero eso no les quitó el peso testimonial de su mensaje.
En su disco del 83 que llamó Hombre común habló, justamente, de esa gente de a pie. “Un hombre común tiene un paladar, olor a vino. Un gesto, un apellido, un hijo muerto, un asesino”. O de los inundados en el norte del litoral argentino: “(…) Nadie me explica lo que pasó, pa´que explicar si pobre soy, y el agua sube sin preguntar, si soy el Pedro, si soy el Juan. (…) Hasta cuando el que manda sigue olvidando. Para cuando, nos juntamos para arreglarlo. Otra vez, los de abajo vamos a esperar, lo que los de arriba van a olvidar”.
Era diciembre de 1983 y Piero estaba sobre el escenario del microestadio de Atlanta con su grupo Prema que, de algún modo, lo insertaba en una de las ramas del rock nacional. El público, envalentonado por la democracia que se acababa de recuperar semanas atrás, con Raúl Alfonsín como flamante presidente, coreaba: “Oh le le, o la la, si este no es el Tano el Tano donde está”. Y Piero respondía: “Está acá y se queda. Esperemos que esta canción sean de esas cosas que pasan. Que tengan que ver con el pasado y que nunca más”. Así, otra vez volvía a sonar su canto de barricada (y de cancha) por excelencia: “Para el pueblo lo que es del pueblo”.




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