La operación, aprobada este miércoles 14 de octubre por el directorio de Telecom, contempla la transferencia de aproximadamente 6 millones de clientes móviles, más de 200.000 usuarios de internet residencial, derechos de uso del espectro radioeléctrico e infraestructura necesaria para garantizar el funcionamiento del servicio.
Milei le puso límites a la concentración de Clarín
La ofensiva regulatoria comenzó en febrero de 2025, cuando el Gobierno nacional advirtió que la compra de Telefónica por parte de Telecom podía dejar cerca del 70% del mercado de telecomunicaciones bajo el control de un mismo conglomerado.
Ante ese escenario, el Ejecutivo sometió la adquisición a un análisis de competencia y posteriormente estableció un paquete de condiciones para evitar que la integración limitara la participación de otros operadores. Entre las principales exigencias figuraron el desprendimiento de millones de clientes, la devolución de espectro radioeléctrico y la obligación de facilitar infraestructura al nuevo competidor.
La medida busca impedir que una compañía con una posición dominante construida artificialmente a partir de beneficios gubernamentales pueda restringir la competencia, condicionar la oferta de servicios o ejercer una influencia excesiva sobre los precios.
Metrotel se convierte en un nuevo competidor
Con la incorporación de los clientes provenientes de Telecom, Metrotel se posicionará como el tercer gran operador del mercado argentino y utilizará la marca Tuenti para ofrecer sus servicios de telefonía móvil. De los aproximadamente 6 millones de usuarios involucrados, 4 millones corresponden al Área Metropolitana de Buenos Aires y otros 2 millones al interior del país.

El acuerdo contempla mecanismos para garantizar la continuidad de las prestaciones durante la transición. Los clientes conservarán sus números telefónicos y el traspaso no implicará una interrupción del servicio. La nueva compañía tendrá además mayoría accionaria argentina, con el 51% de su capital controlado por Nippur Fiber Holdings.
De esta manera, las condiciones impuestas por el Gobierno de Milei obligaron a Telecom a resignar una parte significativa de los activos adquiridos, abriendo espacio para otro competidor en un sector marcado por décadas de concentración empresarial y decisiones regulatorias favorables a los principales conglomerados.


























