Historias sobre el ring El absurdo final de Víctor Galíndez: el campeón mundial que se cansó de boxear y murió atrapado en su pasión por la velocidad

La transición al automovilismo se produjo casi sin pausa en la vida del Leopardo. Se subió por primera y última vez a un auto de TC dos meses después de cerrar, con 31 años, su carrera con los guantes que incluyó dos reinados entre los medio pesados.
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Un Fiat 600 azul, al que le pintó un leopardo dorado en la puerta del conductor, fue el primer auto de Víctor Emilio Galíndez. Lo tuvo apenas unos meses porque no pudo pagar más que un par de cuotas y debió devolverlo. A medida que el boxeo le otorgó gloria, fama y dinero, el pintoresco Fitito dio paso a dos decenas de vehículos y algunas motos. Los fierros y la velocidad lo sedujeron desde joven. Y los fierros y la velocidad también fueron su sentencia, cuando todavía era muy joven.

La transición del boxeo al automovilismo se produjo casi sin pausa en la vida del Leopardo, quien se subió por primera y última vez a un auto de Turismo Carretera solo dos meses después de cerrar, con apenas 31 años, un ciclo como púgil que había incluido dos reinados como campeón mundial mediopesado de la AMB, batallas épicas sobre el cuadrilátero, peleas sin cuartel contra la balanza, encontronazos con Juan Carlos Lectoure y con sus equipos de trabajo, y una presencia cada vez mayor en las páginas de las revistas de la farándula.

Galíndez había nacido el 2 de noviembre de 1948 en Vedia, en el noreste de la provincia de Buenos Aires, a 55 kilómetros de Junín, pero muy pronto se radicó en Luján, donde lo criaron su abuela Cervanda y su tía Celina. Fue medallista de plata en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 1967, representante olímpico en México 1968, campeón argentino y sudamericano mediopesado y protagonista de recordados duelos con Avenamar Peralta, Jorge Aconcagua Ahumada y Juan Mendoza Aguilar antes del gran salto.

El 7 de diciembre de 1974, ganó el título mediopesado vacante de la AMB al noquear en el 12° round a Len Hutchins en el Luna Park. Fue el primer campeón mundial argentino que consiguió una corona peleando en el país. Hizo 10 defensas exitosas, todas en el exterior, entre ellas la recordada victoria ante el estadounidense Richie Kates en Johannesburgo el 22 de mayo de 1976, el mismo día en que fue asesinado Oscar Natalio Bonavena.

Cuando cedió el título el 15 de septiembre de 1978 al perder por nocaut técnico en el 13° asalto ante Mike Rossman en Nueva Orleans, Galíndez parecía un hombre agotado del deporte que lo había llevado de la miseria a la cumbre. Varias veces había dejado flotando la posibilidad de retirarse debido al desgaste que le generaban el entrenamiento y las concentraciones.

Por entonces, una buena parte del dinero que había ganado (desde 1974 hasta su retiro percibió 1,6 millón de dólares) había sido destinada a comprar autos. Al Fiat 600 azul le siguió un Peugeot 404 celeste que compró con la bolsa que cobró por una pelea ante Adolfo Cejas en Azul. Ya campeón argentino y sudamericano y con una economía familiar un poco más afianzada, lo cambió por un Torino rojo.

Junto con los billetes más grandes vinieron otros 19 vehículos (entre ellos, cinco Mercedes Benz, un BMW y un Corvette), una pick-up Chevrolet y tres motos. Con una de ellas, una Yamaha 450, sufrió un accidente en Ramos Mejía a principios de 1978 que le provocó una lesión en la rodilla derecha y le impidió enfrentar a Jesse Burnett en Las Vegas en febrero de ese año, en la misma velada en que Leon Spinks le quitó el título pesado a Muhammad Ali.

Víctor Galíndez a bordo de un pintoresco Fiat 600, su primer auto.

Víctor Galíndez a bordo de un pintoresco Fiat 600, su primer auto.

Ese no fue el único accidente vial que condicionó su carrera. Pocas semanas antes de su primera chance mundialista, chocó, con el auto de un amigo, contra un camión y se lesionó el tobillo derecho. Inicialmente le ocultó el incidente y la lesión a Lectoure y a su entrenador, Juan Carlos Pradeiro, quienes finalmente se enteraron, lo que generó uno de los tantos cortocircuitos con el boxeador. Todavía con el tobillo inflamado subió al ring para enfrentar y vencer a Len Hutchins.

La derrota ante Rossman y la entrega sin pena ni gloria de su título después de una muy deficiente preparación parecieron sacudir a Galíndez, que se prometió recuperar el cetro y prometió a los suyos recobrar el compromiso extraviado. Lo hizo: el 14 de abril de 1979 batió al estadounidense en la revancha en Nueva Orleans y así se convirtió en el primer argentino en ganar un título en suelo estadounidense.

“No quiero ser su socio de diversiones, quiero ser su guía de vida deportiva y seria. Si quiere seguir siendo campeón arriba y abajo del ring, siempre me tendrá a su lado; si quiere volver a llenar comentarios periodísticos con fotos indecorosas y testimonios antideportivos, yo estaré lejos, del otro lado, en silencio”, planteó Lectoure después de aquel triunfo. Galíndez eligió el segundo camino.

Víctor Galíndez recuperó el título mediopesado de la AMB el 14 de abril de 1979 al derrotar a Mike Rossman.

Víctor Galíndez recuperó el título mediopesado de la AMB el 14 de abril de 1979 al derrotar a Mike Rossman.

Para la primera defensa de su segundo reinado, el Leopardo se alejó de hombre fuerte del Luna Park y se vinculó con Primera Fila, la empresa promotora cuyas caras visibles eran José Cacho Steinberg y Carlos Monzón, quien se había retirado dos años antes. Otra desprolija preparación terminó con el campeón tendido en la lona en el 11° round ante Marvin Johnson el 30 de noviembre de 1979 nuevamente en Nueva Orleans.

“Él perdió el entusiasmo, la llama del estímulo, la verdadera razón que mueve a un deportista. No es un problema de balanza, sino de alma: él ya no quiere más. Si por última vez quisiera escucharme, tendría que decir 'basta'”, le sugirió Lectoure luego de ese traspié. Pero no solo el destinatario del consejo no lo escuchó, sino que Tito decidió acompañarlo en su última aventura.

El 14 de junio de 1980, Galíndez perdió por puntos frente a Jesse Burnett en Anaheim en una eliminatoria al título mundial crucero del Consejo Mundial de Boxeo. El argentino fue derribado dos veces por un adversario a quien había derrotado en 1976, que también había sido vencido por el santafesino Miguel Ángel Cuello en 1977 por el cetro mediopesado del CMB, y que había accedido a este combate como reemplazo de emergencia apenas cinco días antes porque Marvin Camel, el rival original, no pudo pelear por una lesión. Esa fue la última noche en que el Leopardo subió a un cuadrilátero.

El 18 de julio de ese año, mientras guanteaba con Juan Antonio Musladino en una sesión de entrenamiento, sintió una molestia en los ojos que lo llevó a una consulta oftalmológica. El diagnóstico fue categórico: desgarro en ambas retinas. Doce días después se sometió a una cirugía reparatoria. Tres semanas más tarde, siguiendo el consejo de los médicos Oscar Blas Donato y Daniel Hidalgo, anunció su retiro debido al riesgo para su vista que implicaba volver a un cuadrilátero.

Víctor Galíndez maneja una moto. Detrás lo acompaña Sergio Víctor Palma, guitarra en mano.

Víctor Galíndez maneja una moto. Detrás lo acompaña Sergio Víctor Palma, guitarra en mano.

¿Y entonces? “Cuando bajamos del ring, somos los tipos más débiles del mundo. Es dificilísimo pensar en el momento del retiro. Uno, que en su vida no hizo más que pelear, no se siente seguro abajo del ring. Y tiene miedo, mucho miedo”, admitió Galíndez en esos días en una entrevista que brindó para la revista Gente junto a Sergio Víctor Palma (recién había ganado el título supergallo de la AMB) y en la que también habló de sus errores, de la saturación que le generó el boxeo, de la soledad y de la infelicidad.

El excampeón buscó el relevo del boxeo en aquello que lo apasionaba desde joven: los autos. Apenas un par de semanas después de oficializar su adiós a los guantes, se puso en contacto con Omar Wilke y Jorge Pedersoli, una exitosa dupla de preparadores que había gestado el Chevrolet con el que Francisco Espinosa se había consagrado campeón de Turismo Carretera en junio. Su objetivo era sumarse a la categoría más importante del deporte motor argentino, por lo que les encargó la construcción de un vehículo.

Pero Galíndez carecía de toda experiencia en el automovilismo deportivo. Wilke y Pedersoli lo acercaron a Antonio Lizeviche, un piloto nacido en Oberá (Misiones) que, tras pasar por el Turismo Mejorado, había debutado en el TC en 1970 con un Torino, en los mejores años del Toro en la categoría (obtuvo sus únicos cinco títulos entre 1967 y 1971, de la mano de Eduardo Copello, Rubén Luis Di Palma y Gastón Perkins). En 1974 había pasado a Dodge y a fines de 1977, a Chevrolet, la marca de la cual el ex campeón mundial mediopesado era hincha.

El Chevrolet con el que competía Antonio Lizeviche en Turismo Carretera.

El Chevrolet con el que competía Antonio Lizeviche en Turismo Carretera.

Lizeviche, que además era tesorero de la Asociación Corredores Turismo Carretera (ACTC) y dueño de una casa de repuestos en Pompeya, solía correr junto a su hijo, también llamado Antonio. Le propuso a Galíndez que fuera su acompañante en algunas carreras para luego dar la prueba que le permitiera acceder a la licencia de piloto de TC, que el expúgil aspiraba a conseguir antes del final de ese año.

El debut fue pactado para el 19 de octubre de ese año en la tercera prueba de la temporada 1980/81. La cita sería en el circuito semipermanente de 25 de Mayo, que tenía una extensión de 15.209 metros y donde el TC no corría desde hacía cuatro años. Sin embargo, una fuerte tormenta obligo a postergar la carrera una semana.

El sábado 25 a la noche, Galíndez compartió un asado en su casa de Martínez con algunos amigos y familiares y con su pareja, Patricia Aguado. El domingo 26, justo una semana antes de su 32° cumpleaños, llegó muy temprano a 25 de Mayo.

En la primera serie de la jornada, ganada por Juan José Pellegrini, el Chevrolet rojo número 19 de Antonio Lizeviche, con problemas en la caja de cambios, finalizó 11°. “Deseo fervientemente que el auto no se rompa. Él (Galíndez) se merece que el auto responda. Si Dios quiere, hoy será un día inolvidable en su vida”, se ilusionó el misionero.

Víctor Galíndez y Antonio Lizeviche, minutos antes de la carrera en 25 de Mayo.

Víctor Galíndez y Antonio Lizeviche, minutos antes de la carrera en 25 de Mayo.

La final se largó a las 12.50. Lizeviche y Galíndez partieron desde la 12ª fila junto al Dodge de Juan Carlos Deambrosi. Pero cuando apenas habían recorrido seis kilómetros, debieron abandonar en el final de la recta principal, en el cruce de las rutas provinciales 46 y 51, debido a la misma falla en la caja que ya les había ocasionado dificultades durante la serie.

El piloto y su acompañante dejaron el vehículo allí y comenzaron a caminar por la banquina de la ruta 46 hacia los boxes, en sentido opuesto a la circulación de los autos. Después de recorrer dos kilómetros saludando al público, se detuvieron frente a la tranquera de la estancia San José, donde se encontraba el Dodge número 9 de Miguel Ángel Atauri, también detenido por desperfectos mecánicos en una zona en la que los autos transitaban a casi 250 kilómetros por hora.

Segun testigos, Atauri se ofreció para llevarlos hasta boxes una vez que pudiera dar arranque nuevamente a su Dodge, pero Lizeviche y Galíndez prefirieron continuar a pie. A las 13.24, el Ford número 71 de Marcial Feijoó, que marchaba 23° en la competencia, atravesó el sector de largada en lucha con el Chevrolet de Antonio Bautista y el Dodge de Daniel Corso.

Cuando ya había recorrido casi dos kilómetros por la ruta 46, Feijoó, quien ese día volvía a participar en una prueba de TC después de casi un año, perdió el control de su auto, que salió disparado hacia la banquina por donde caminaban Lizeviche y Galíndez. Ambos fueron embestidos por el lateral derecho del Ford. Fuera de control, el vehículo hizo una vuelta de campana y terminó montado sobre unos troncos a 20 metros de la cinta asfáltica.

El Ford de Marcial Feijoó, a un costado de la ruta 46 tras el accidente que causó la muerte de Víctor Galíndez y Antonio Lizeviche.

El Ford de Marcial Feijoó, a un costado de la ruta 46 tras el accidente que causó la muerte de Víctor Galíndez y Antonio Lizeviche.

Una ambulancia, a la que había convocado Atauri, llegó seis minutos después y trasladó al hospital Saturnino Unzué de 25 de Mayo a Feijoó, en shock, con fracturas en su brazo izquierdo y en la zona costal; y a Juan Carlos Bue, su acompañante. Por Lizeviche y Galíndez no hubo mucho que hacer: habían muerto en el acto como consecuencia del impacto, según confirmó la Policía. Una vez finalizada la prueba, que ganó Oscar Aventin, los cuerpos fueron llevados primero al hospital y luego a la morgue del cementerio de la ciudad antes de ser enviados a Buenos Aires.

El ex campeón mundial fue velado al día siguiente, primero en una sala ubicada en Castro Barros al 800 (propiedad de la familia de Oscar Bonavena) y luego en el Luna Park, el estadio donde había ganado el título por primera vez, por donde pasó una multitud para despedirlo. El martes 28 sus restos fueron trasladados a una bóveda en el Cementerio Municipal de Morón.

Galíndez fue el 45° acompañante que falleció durante una competencia o una sesión de prueba de Turismo Carretera. Y Lizeviche, el 63° piloto. Desde entonces, otros nueve corredores (y uno de TC Pista) perdieron la vida como consecuencia de un accidente en carreras de la categoría, entre ellos el legendario Roberto Mouras el 22 de noviembre de 1992 en Lobos. El último fue Guido Falaschi el 13 de noviembre de 2011 en Balcarce.

Víctor Galíndez fue velado en el Luna Park.

Víctor Galíndez fue velado en el Luna Park.

Después del accidente en 25 de Mayo, Marcial Feijoó no volvió a participar en una prueba de TC. Miguel Atauri, actor secundario aquel día, siguió compitiendo hasta 1988. Su paso por la categoría más popular del automovilismo argentino quedó marcado por dos accidentes de los que fue protagonista, en los que perdió el control de su vehículo y embistió a grupos de espectadores: en Ayacucho en 1981 murieron dos personas y en La Plata en 1986, otras dos.

El Turismo Carretera, que denominó “Lizeviche-Galíndez” a su campeonato de 1981, se fue alejando de a poco de las rutas, el ecosistema en que había nacido en 1937. La última prueba en un trazado semipermanente fue el 16 de febrero de 1997, en el Triángulo del Tuyú de Santa Teresita. Y el 8 de mayo de 2007, 16 días después de la muerte de Guillermo Castellanos durante una carrera en Comodoro Rivadavia, la ACTC prohibió la presencia de acompañantes en los autos.

por: clarin

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