Trágico recuerdo El concierto de la muerte: a 30 años de la noche más oscura de AC/DC

El 18 de enero de 1991, la tragedia se adueñó de la escena, durante el show que la banda dio en Salt Lake, en el marco de su gira The Razors Edge Tour.
Internacionales17/01/2021Radio FM AmistadRadio FM Amistad
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Después de casi una década transitada entre la intrascendencia musical y la pérdida de repercusión comercial, el lanzamiento de The Razors Edge, el 21 de septiembre de 1990, marcaba el inicio de una nueva primavera en la historia de AC/DC. Una primavera que, sin embargo, no estuvo a salvo de una tormenta perfecta que no tardaría mucho en llegar.

De pronto, traccionado por sus hits Thunderstruck y Are You Ready, el decimosegundo álbum de la banda australiana volvía a rankear alto en los charts de tres continentes y las puertas del mundo volvían a abrirse de par en par para los hermanos Angus y Malcom Young, Brian Johnson y compañía.

De pronto, The Razors Edge se ubicaba en el segundo puesto en la lista Billboard 200, donde mantuvo su presencia a lo largo de 77 semanas, las ventas se iban acumulando -se calcula que superó los 12 millones de copias vendidas- y de ahí a la planificación de una de las giras más ambiciosas en la historia del grupo había apenas un paso, que los muchachos no dudaron en dar.

Poco después, el 2 de noviembre de 1990, en Worcester Centrum, en Massachusetts, AC/DC dio el puntapié inicial del The Razors Edge Tour. A partir de entonces, a lo largo de 379 días, la banda daría 164 shows, en 21 países de América, Europa y Oceanía.

Brian Johnson y Angus Young, una imagen repetida en cada escenario que pisa AC/DC, que tuvo el 18 de enero de 1991 su noche más trágica. /Foto AFP PHOTO/KEYSTONE/MICHELE LIMINA

Brian Johnson y Angus Young, una imagen repetida en cada escenario que pisa AC/DC, que tuvo el 18 de enero de 1991 su noche más trágica. /Foto AFP PHOTO/KEYSTONE/MICHELE LIMINA

Mientras tanto, a 3.700 kilómetros de la ciudad esteña donde la maquinaría acababa de ponerse en marcha, Jimmy Boyd y Curtis Child, ambos de 14 años, y Elizabeth Glausi, de 19, comenzaban a palpitar la llegada del tour a su ciudad. No eran los únicos; además de ellos tres, otras 13.291personas lograron conseguir su entrada para el recital programado para el 18 de enero de 1991.

Los tres habían coincidido en comprar las de "campo", a razón de unos 20 dólares cada una, con la idea de estar bien cerca de los músicos, y la expectativa iba creciendo a medida que la banda iba calentando motores y consumiendo kilómetros, de Hartford a Filadelfia, de ahí a Pittsburg y enseguida a Toronto, en una secuencia diaria con apenas unos días de respiro entre el 16 de diciembre y el 11 de enero, para volver a empezar, en la muy canadiense Vancouver.

Una semana más tarde, Angus y Malcom Young, Brian Johnson, Cliff Williams y Chris Slade llegaban al Salt Palace, que por un rato dejaría de ser el hogar de los NBA Utah Jazz para albergar la poderosa maquinaria australiana de rock. Del otro lado, Jimmy, Curtis y Elizabeth se preparaban para disfrutar su "primer show" en vivo de una de sus bandas preferidas. Nada malo podía pasar. Pero sin embargo, pasó.

Apenas la guitarra de Angus Young anunció el inicio de Thunderstruck, el "campo" se convirtió en un infierno. No es una novedad, y no lo era tampoco por entonces, que los primeros temas suelen ser el momento en el que la multitud "se acomoda" en busca del la mejor ubicación, pero esta vez el amontonamiento fue más de lo que cualquier cuerpo podría resistir.

"La gente siempre empuja para conseguir una ubicación bien adelante", dijo uno de los guardias de seguridad de Salt Palace, y cada presentación de la banda australiana lo confirma. /Foto Martín Bonetto

"La gente siempre empuja para conseguir una ubicación bien adelante", dijo uno de los guardias de seguridad de Salt Palace, y cada presentación de la banda australiana lo confirma. /Foto Martín Bonetto

"La gente siempre empuja para conseguir una ubicación bien adelante, pero esta vez empujaron demasiado", contó poco después Scott Carter a la periodista Cathy Free, quien publicó su testimonio en la revista People el 4 de febrero siguiente.

"Para el segundo tema, quienes estaban al frente de la multitud comenzaron a apilarse unos encima de otros. Había unos 20 o 25 tipos, todos en una montaña, mientras la gente empujaba en todas las direcciones. Intentamos llegar hasta ahí y empezamos a sacar gente, pero las piernas de algunos estaban entrelazadas con las de otros y no había manera de ayudarlos. Todos estaban tratando de salir de ahí con desesperación", contó Carter, quien por entonces tenía 28 años e integraba el equipo de seguridad del show.

"Vi a Curtis al principio del recital, pero fue la última vez, hasta que la policía me mostró fotos de él en un respirador. Durante el primer par de canciones, me caí contra el vallado de metal frente al escenario y me levanté. Me agarré fuerte. Era una escena de pánico. La gente caía a mi lado. La gente gritaba '¡Ayúdame!', con los brazos levantados, pero no había nada que pudiera hacer", relató a su turno Scott Neil, de 17 años. Su amigo, Curtis, murió dos días después del show.

En el Salt Palace el volumen era ensordecedor y las luces cegaban a los músicos, que seguían en lo suyo sin registrar lo que sucedía a escasos metros de donde estaban ellos. Tras la trilogía inicial era el momento de Fire Your Guns, y a continuación, Sin City. Abajo, en el llano, la escena era de pesadilla, y el fantasma de la tragedia del concierto de Cincinnati de The Who, en el que perdieron la vida 11 personas una década antes sobrevolaba el lugar.

Así reflejaron dos medios, lo sucedido la noche del 18 de enero de 1991 en Salt Lake.

Así reflejaron dos medios, lo sucedido la noche del 18 de enero de 1991 en Salt Lake.

Carter contó a Free que cada intento de pedirle a su jefe que el concierto fuera interrumpido fue en vano. Y siguió: "Gritaba al máximo de mis posibilidades que lo parara, pero no escuchaba. Él estaba empujando a la gente que trataba de subir al escenario, lo que no ayudaba para nada a los que estaban abajo. La gente estaba gritando, trataban de agarrarse de algo, de mi pelo, de lo que pudieran... Me agarraron de los brazos, de la camisa, desesperado. Miré a mi derecha y vi el blanco de los ojos de un tipo. Eran del tamaño de las pelotas de beisbol; se estaba asfixiando".

La escena se repetía en diferentes puntos del "campo". Así se desprende del testimonio de Brandi Burton, quien llegó al estadio acompañando a su compañera de estudios, Elizabeth Glausi. Estaban felices. Pero la alegría duró poco y nada.

"Liz y yo fuimos derribadas. Recuerdo que la música sonaba increíblemente fuerte. Unas 10 o 15 personas estaban justo encima de nosotros. La gente caía sobre nuestras cabezas y nuestros cuerpos. Yo estaba en la parte inferior, y Liz estaba encima mío. Estábamos gritando por ayuda, pero no había manera de salir hacia arriba. No podíamos conseguir aire. Después de 10 minutos más o menos, dije: 'Liz, tienes que respirar. Tratá de respirar, por favor, respirá'" , contó Burton a People.

La respuesta que recibió Burton, quien recobró el conocimiento unas horas después en un hospital local, fue un apagado "no puedo". "Después, ella cerró los ojos. Lo último que recuerdo de ella es su voz diciendo 'Dios, por favor no nos dejes morir'". Elizabeth murió tres días después del concierto.

"Finalmente, yo y otros cuatro tipos de seguridad salimos de la barricada y fuimos por los lados hacia la parte trasera de la multitud y avanzamos hacia el escenario. Nos llevó cinco o diez minutos llegar allí, pero parecían horas. Sólo dos de nosotros lo logramos, Russ Boyd y yo. Soy fisicoculturista, 1,80 m, pero cuando llegué a esa etapa, estaba exhausto, gritándoles frenéticamente que pararan el show. Fue unos 45 minutos antes de que el cantante detuviera por un rato el recital para pedir que todos se corrieran hacia atrás. No sé quién le dijo finalmente lo que estaba pasando", recordó Carter.

Brian Johnson fue el encargado de pedir al público que dejara de presionar sobre el escenario, pero su pedido llegó tarde. /Foto Martín Bonetto

Brian Johnson fue el encargado de pedir al público que dejara de presionar sobre el escenario, pero su pedido llegó tarde. /Foto Martín Bonetto

Según Russ, habían transcurrido seis o siete temas hasta entonces; dos o tres más de los que siempre sostuvo el management que Johnson tardó en pedir que los fans se desplazaran hasta atrás. Según el personal de la banda, no habían pasado más de 20 minutos cuando los músicos se enteraron de lo que estaba pasando y dejaron de tocar para tratar de ordenar un poco la situación. Ya era tarde.

"Esta banda es como Dios para estos chicos. Tan pronto como (Johnson) dijo eso, se movieron hacia atrás, y ahí es cuando empezamos a sacar a la gente. Había dos chicas en el fondo que se veían muy mal. Scotty y yo sacamos a una (Brandi Burton), y tuvimos que luchar contra la multitud para salir adelante. Es como si a estos chicos realmente no les importara. No les importaba nada más que la maldita música", confesó el guardia.

El último testimonio que Free citó en su artículo fue el de Jimmie Boyd, un mecánico de autos que hizo el esfuerzo de comprar un ticket de 20 dólares para "hacer feliz" a su hijo, que deseaba con el alma ir a ver a sus ídolos. "Era tan importante para él, que no podía decir 'no'. Estaba feliz. No podría no haberle dado el dinero. Cometí un error. Debí haberle dicho que no", señaló, consternado.

Unas horas después de que el recital ya había terminado, dos oficiales de policía golpearon la puerta de la casa de la familia Boyd. Dijeron que Jimmy estaba muerto, "pisoteado y sofocado por una multitud que se acercó al escenario mientras la banda tocaba Thunderstruck."

Los informes de la autopsia revelaron que los tres murieron a causa de una "asfixia por compresión", una condición en la que los pulmones están tan aplastados que es imposible respirar.

"Ningún padre debería tener que enfrentar una muerte tan trágica e insensata como la de mi hijo, especialmente como resultado de un show de rock and roll", dijo Bruce, el papá de Curtis, en una entrevista telefónica. "Este era su primer concierto. No tenía ni idea de que cosas así sucedieran", se lamentó.

La familia Glausie, por su parte, apuntó contra la organización, pero también incluyó a  la banda en su demanda. "Si hubieran dejado de tocar cuando el personal de seguridad se los pidió, nuestra hija no habría muerto. La banda siguió tocando mientras la gente se apilaba frente al escenario, luchando por conseguir un poco de aire para respirar", explicaron. 

Los reportes de la época cuentan que los músicos estaban muy angustiados por la desgracia, pero que prefirieron mantener silencio para que fueran sus abogados quienes hablaran. A través de un comunicado de prensa, afirmaron que nada de lo que dijeran o hicieran podía disminuir el dolor causado por la pérdida, y dieron sus condolencias a las familias de las víctimas. En una entrevista, tiempo después Johnson expresó su enojo con la prensa que sugirió que la banda siguió tocando aún cuando sabían que estaba ocurriendo la catástrofe y negó que haya sido así. 

Cuatro meses después de la tragedia, Brian Johnson, Angus Young, Malcolm Young, Cliff Williams y Chris Slade fueron absueltos de una demanda por muerte injusta presentada por el padre de Curtis. Finalmente, en agosto, todos los cargos fueron retirados contra la banda, que el 12 de abril de 2001 volvió a llenar el mismo estadio.

El 13 de noviembre pasado, AC/DC publicó su décimo séptimo álbum, PWR/UP, que marcó el regreso al grupo del vocalista Brian Johnson, el baterista Phil Rudd y el bajista Cliff Williams, es el primero editado desde la muerte de Malcolm Young, ocurrida en 2017.

por: clarin

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